Un Desayuno Bajo las Estrellas (Capítulo II)

CAPÍTULO II
Al día siguiente todo volvió a la normalidad, Olivia y sus amigas acudieron a clase y una vez allí vieron entrar a un hombre con aspecto que desconcertó totalmente a las tres: su barba descuidada iba a juego con su revuelto pelo corto marrón y sumado a su americana llena de manchas hizo inevitable los comentarios de Ariadna:
-Oye a mí que no me timen, que a mí me parece muy bonito pero no quiero que venga ningún mendigo a hablarme de arte callejero.-
-No seas tan dura Ariadna...-Dijo Mónica.-Quizás solo quiere un par de monedas para comer algo caliente.-Añadió entre burlas.
-Pues a mí me parece que es el profesor que dijo ayer Monroy, fijaos que lleva un cuaderno en el brazo y viene hablando con Monroy, si fuera un mendigo ya habría llamado a seguridad con la manía que tiene de considerarse superior a los demás.-Dijo Olivia con un poco más de cabeza.
-Venga ya, si ese es experto en arte yo soy la mayor devoradora de hombres que existe.-Dijo Ariadna irónicamente.
-A ver por favor un poquito de silencio por ahí al fondo.-Dijo Monroy.- Os presento al profesor adjunto Sam Leblanc, es todo un experto en prácticamente cualquier aspecto de la pintura y durante la clase de hoy os irá ayudando con vuestros proyectos finales, pues veréis que con un par de retoques de color y cuatro pequeñas formas podéis hacer fondos increíbles.-
-Yo tengo una duda.-Dijo Marco, el listillo de la clase, que para variar quería llamar la atención.-¿Se puede saber qué edad tienes Sam? No es por nada pero yo te veo lo insuficientemente viejo como para saber mucho más que nosotros, podrías ser un alumno más y no llamarías la atención, solo es por saber quien me enseña.-Dijo provocando la risa de la gran mayoría de la clase y un eminente enfado por parte de Monroy:
-!Crío irrespetuoso! Debería expulsarte de clase por intentar hacerte el gracioso...-Dijo Monroy cuando de pronto Sam le interrumpió.
-No te preocupes Miguel ,da igual, primero de todo, gracias por llamarme joven, es todo un halago, segundo, tengo treinta y un años y me siento muy joven aún, y por tercero y último, solo un consejo, la edad es un espejo que nos miente, se puede tener noventa años y no saber nada y tener quince y ser un genio, no me considero nadie dentro del arte y es más, me encantaría sentarme ahí y seguir aprendiendo para así perfeccionar, el arte no se aprueba o se suspende, el arte se vive y a medida que lo vives vas mejorando así que más te vale asumirlo porque veo venir que estarás aquí hasta ser el veterano y seguirás sin saber apenas nada sobre el verdadero arte.-
La clase permaneció en un profundo silencio durante unos segundos hasta que todos empezaron a reírse de Marco y empezaron a atender a lo que decía Sam.
La mañana transcurrió sin incidentes y cuando acabaron las clases, Olivia se fue al despacho de Monroy para justificar sus ausencias a clase, cuando de repente se chocó con un hombre y cayó al suelo de culo, cayendo junto a ella un cuaderno que debía pertenecer al hombre con el que había chocado. Alzó la mirada y ante su sorpresa, aquel hombre no era otro que Sam, que rápidamente le extendió su mano para levantarle, pero ella primero recogió el cuaderno del suelo y al hacerlo abrió una página en que había dibujado un prado lleno de flores de todo tipo de colores, una pintura llena de vida y ante tal sorpresa no dudó en preguntarle al hombre:
-¿Es tuyo el cuaderno con los dibujos? Es realmente precioso ese prado.-
-Sí, es mi cuaderno de mano, lo llevo a todos lados por si me encuentro algo digno de plasmar, la verdad es que ese no es mi mejor trabajo pero me recuerda mucho a las veces que estuve en Holanda para mi trabajo sobre Van Gogh.-Respondió él.
-Guau, qué suerte tienes de dibujar así, ojalá nos enseñaran a hacer cosas tan increíbles como esa, bueno perdóname,  tengo que ir a hablar con Monroy e irme a casa.-Dijo Olivia.
-Sí tranquila, yo también debo irme.-Respondió Sam mientras cogía el cuaderno de manos de Olivia cuando de pronto se quedaron como petrificados mirándose el uno al otro, hasta que el roce de las manos incomodó a Olivia que se separó de golpe.
-Bueno un placer asistir a tu clase, ¿Te llamabas...? Perdona es que soy nefasta para recordar los nombres.-Dijo Olivia intentando quitarle tensión a la situación.
-Llámame Sam a secas.-Dijo con una sonrisa en la boca.
-¿Te llamo Sam o Sam A Secas?-Preguntó Olivia medio de broma.
-Solo Sam ja, ja, ja.-Respondió Sam entre carcajadas. -¿Y tú nombre es...?
-Para ti seré Olivia, Olivia a secas.-Dijo ella continuando la broma.-Bueno lo siento de veras, me encantaría volver a verte y seguir escuchando y aprendiendo cosas de ti pero de verdad que me tengo que ir. !Que vaya bien!-Exclamó Olivia y avanzó el pasillo hacia delante camino al despacho de Monroy mientras Sam se le quedó mirando fijamente durante unos segundos hasta que se incorporó y continuó su camino.

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