Un desayuno bajo las estrellas Prólogo-Capítulo I

PRÓLOGO

Dime tú que anhelas el oro, ¿Qué importancia tiene algo que con el tiempo cambia su valor y al final pasa a ser algo exclusivo de unos pocos?

No te confundas, los artistas no buscamos el reconocimiento de la gente sino conseguir crear una idea con cada pizca de arte que compartimos con ellos, pues una idea es algo eterno, es algo intangible que solo aquellos que compartan su alma con el arte podrán gozar, el arte no puede hacer un mundo mejor pero si puede plasmar el deseo de hacerlo. Es ahí donde entra el hombre, ese ser mortal que no soporta la idea de ser olvidado con el tiempo y busca lograr una hazaña que le haga eterno, pero yo te digo que renuncies a ese objetivo pues ningún hombre será eterno, en cambio su deseo de libertad, amor o paz siempre estará presente desde el momento que el arte plasme esa idea.

Las ideas nos pertenecen pero también nos definen, dime pues, tú que anhelas el oro, ¿Cómo será capaz tu oro de crear una idea que pase a la posteridad si tú mismo eres el primero que desprecias la lucha por la paz que este mundo tiene durante siglos? Es irónico que aquello que tu consideras muerto esté más vivo que todo aquello que tienes a tu alcance, podrás pagar a gente para que queme aquellos cuadros que consideres peligrosos hacia tus negocios, pero jamás podrás borrarnos nuestro deseo de luchar por expresar nuestras ideas.

Firmado, el arte.


CAPÍTULO I

El reloj marcaba el final de la última clase del lunes cuando de pronto el doctor Monroy dijo:
-Bueno chicos antes de que os marchéis quiero que os acordéis que mañana contaremos con un amigo mío que vendrá a daros unas clases sobre la improvisación del arte, por ello os pido la máxima asistencia posible ya que no es fácil conseguir que gente así venga, hasta mañana pues.

Una vez acabó de hablar todos los alumnos recogieron sus cosas y abandonaron el aula 119 los alumnos de cuarto curso de Bellas Artes.
Ariadna y Mónica, dos de las alumnas, se fueron al bar como hacían cada día después de clase. Se pidieron un café que se tomaron mientras charlaban, de pronto Ariadna se giró y dirigió su atención a la entrada del bar donde vio una chica que al darse cuenta le miraba levantó la mano y le saludó. 
Aquella chica era Olivia, una compañera y amiga suya toda la vida, cuando llegó a la mesa donde estaban sus amigas se quitó la chaqueta y sentó con ellas.

-Sorpréndenos, ¿Dónde has estado esta vez? ¿Quizás Milán? ¿Berlín? ¿Otra vez Londres? -Le preguntó Mónica.
-Pues este fin de semana he estado con mi padre en Tokio, a los japoneses les encanta el arte por lo visto. -Respondió Olivia.
-Y a tu padre le encantan los extranjeros forrados.- Dijo Ariadna.-  A ti te gusta librarte de clase para viajar por todo el mundo con tu padre.

Su padre no era otro que Martín Sepúlveda, un famoso multimillonario y heredero de una de las mayores fortunas artísticas del mundo. Olivia con tan solo veintiún era la única heredera de la familia y por tanto la futura dueña de todo, a pesar  de que siempre había rechazado ese puesto siempre debía escuchar que tenía una gran responsabilidad de la que debía hacerse cargo y ocupar el lugar de su padre. Por suerte para ella su padre aceptó que ella estudiara lo que quisiera siempre y cuando ella estuviera preparada para su puesto, es decir, debía ir con él en cualquier reunión importante que tuviera para aprender. Su madre no hubiera estado de acuerdo, pero por desgracia ya no estaba con ellos, su repentina muerte marcó mucho a su padre fue lo que propició su miedo a morir y que Olivia estuviera preparada y eso fuera la ruina de su legado.

Olivia era una amante del arte pero muchas veces le indignaba ver la desmesurada obsesión que tenía su padre por el dinero sin importar nada más, ya eran una de las familias más ricas y prestigiosas de todo el mundo del arte pero él se dedicaba más a hacer negocios que a pensar en el arte. Ella sabía que desde hacía muchos años tenía una áspera relación con el mundo del arte, ya fueran museos, escuelas de arte o pequeñas exposiciones locales, él jamás cedía obras gratis y lejos de fomentar la enseñanza artística gratuita, era dueño de numerosas escuelas de arte privadas en todo el mundo, de acceso exclusivo para gente adinerada.

A pesar de todo Olivia tenía claro que ella no sería igual, que podría cambiarlo todo y ayudar a fomentar el arte y sacarlo de la privatización a la que lo había llevado gente como su padre.
Tras unos segundos distraída en sus pensamientos, Olivia volvió en sí y respondió:

-Eso es cierto y es algo que también me preocupa, estamos en a mediados de noviembre y tengo demasiado trabajo atrasado, como siga así no sé cómo aprobaré…
-Bueno es tan sencillo como acudir a las clases y estudiar más y viajar menos.-Dijo Ariadna.

Ariadna veía que a medida que pasaba el tiempo Olivia se alejaba más de ellas y se centraba más en los negocios de su padre, sintiendo a veces que su amistad se enfriaba pues apenas tenía tiempo para quedar y las pocas veces que le veía era o en clase o la vez al mes que quedaban para cenar en casa de Mónica y eso a veces le hacía ponerse borde con ella.
Por el contrario Mónica, que era mucho más afable, nunca se enfadaba cuando Olivia faltaba, incluso si las dejaba tiradas a última hora, ella trabajaba desde los catorce en la tienda de sus padres y sabía lo que es tener que estar las veinticuatro horas disponible si te llaman, era consciente que Olivia no se alejaba de manera deliberada sino que era resultado de la presión que recibía en casa y aunque alguna vez le hubiera podido molestar algo jamás se lo decía.

-Va no empecemos como siempre Ariadna, sabes que no lo hace aposta y en cierto modo no tenemos derecho a criticar sus viajes con su padre en pues gracias a él hemos viajado por todo el mundo gratis así que no seas tan dura con ella. -Dijo Mónica viendo que Ariadna empezaba a lanzar puyas.
-Bueno tienes razón…-Dijo Ariadna agachando la cabeza.- ¿Cómo te ha ido por Tokio?
-Pues si te soy sincera ha sido muy aburrido y monótono… Cuando se tratan de viajes de negocios mi padre no me deja hacer turismo ni nada que no sea ser su sombra... y encima han sido muchas horas de vuelo…
-Bueno, ¿Y qué habéis hecho hoy? ¿Me tengo que asustar por la cantidad de materia que tengo atrasada?-Ante lo que Mónica y Ariadna rieron sin control.
Una vez pudieron parar de reír, Ariadna le dijo:
-Tampoco te has perdido gran cosa, pero sí que te digo que mañana no puedes faltar porque viene no sé quién a darnos una charla y unos consejos para el proyecto final de Monroy y será importante ir aunque seguro que será alguno de los amigos bohemios de Monroy así que vete tú a saber que nos suelta…-
-Buf los bohemios…-Dijo Mónica medio babeando y con un enorme brillo en los ojos.- Lo que daría yo por estar con un chico bohemio.-
-Pues yo no sé qué les ves de especial, son hombres igual que los demás, algunos están hasta locos y viven de una manera que a mí me daría verdadero asco.-Añadió Olivia.
-¡Pues tú tranquila que ya me los quedo todos yo!-Exclamó enérgicamente Mónica.
-Desde luego como os ponéis por un simple tío, si solo es un trozo de carne sin neuronas que solo piensan en lo que piensas…-Dijo Ariadna.
-Ya empezamos con el discurso... -Contestó Mónica.
-Bueno chicas me tengo que ir, que he venido a ver si llegaba a tiempo a alguna clase pero visto lo visto he venido en vano y este cansancio me está matando, os veo mañana.-Dijo Olivia.

Comentarios

  1. Esta historia tiene muy buena pinta y tengo ganas de seguir leyendo más. Me gusta tu forma de escribir y la ilusión que se nota que le pones en cada escrito.

    Tu fan numero uno.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias 16, algo me dice que tú y yo nos vamos a llevar muy pero que muy bien ;)
      El novio más feliz.

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